Aire Profesionales

Aire Profesionales

La enfermedad mental es un problema de gran magnitud a nivel social, los pacientes diagnosticados de problemas de salud mental representan aproximadamente el 25% de los adultos que acuden a consulta en atención primaria.

Muchos de los problemas de salud mental y las dificultades psico-sociales que aparecen como consecuencia de éstos, pueden prevenirse en un grado u otro si se abordan de forma precoz, realizando un acompañamiento que tenga como objetivo un proceso de desarrollo personal y de promoción psico-social de la persona, que tenga como meta que la persona avance en la superación de sus síntomas y limitaciones hasta alcanzar su máximo nivel posible de autonomía personal y participación social.

Para ello, los profesionales tenemos que empezar por tomar consciencia de la importancia de nuestro trabajo y de la repercusión que tiene en el desarrollo de las personas con enfermedad mental y de sus familias (mejorar adherencia al tratamiento, prevenir recaídas y favorecer la autonomía).

La formación técnica actual en el ámbito de la salud mental está centrada en el conocimiento de los síntomas y tratamientos farmacológicos más adecuados para hacerles frente desde una perspectiva cuasi-paliativa. Este tipo de enfoque no favorece el desarrollo personal del individuo ni sus potencialidades, ni tampoco dota a los profesionales de las estrategias necesarias para abordar este desarrollo desde la autonomía.

Desde proyecto aire apostamos por avanzar desde el concepto de “enfermo/a” a “persona” y para ello vemos fundamental ayudar a los profesionales implicados a diferenciar en todo momento a la persona de sus síntomas para que esto permita situar nuestra intervención desde una óptica de acompañamiento a la persona con enfermedad mental y su familia.

En un contexto social de creciente exigencia y complejidad, los profesionales no debemos olvidar que éstas personas comparten las necesidades comunes propias de todo ser humano (seguridad, pertenencia a grupos sociales, recursos básicos, autorrealización, etc.), y que con las ayudas necesarias pueden disfrutar de sus potencialidades. Pero a la vez, su patología les hacen altamente vulnerables y dependientes de su red de apoyo. Su familia suele tener en la práctica un papel relevante por lo que debe ser tomado en consideración por profesionales a la hora de plantear intervenciones.

Por ello, desde aire vemos la necesidad de profundizar en la formación específica que reciben los profesionales, empezando por situarnos desde la persona (sin olvidar la situación de vulnerabilidad social y del riesgo de vivir en situación de dependencia que padecen), y cómo el acompañamiento de los profesionales en el proceso de desarrollo de sus potencialidades y autonomía no significa desaparición de síntomas, o vuelta a niveles de funcionamiento previos a la enfermedad; Sino que significa intervenciones de distintos profesionales dirigidas al incremento de la autonomía personal y la funcionalidad social de las personas con enfermedad mental, enfatizando sus capacidades, y respetando sus intereses y expectativas.

De este modo animaremos a la persona a caminar juntos para alcanzar una forma de vida en que es posible sobreponerse a los efectos de la enfermedad, asumiendo ésta y logrando definir una expectativa de vida más allá de los efectos de la enfermedad, que permita a la persona con enfermedad mental luchar por su felicidad.

CLAVES DE NUESTRO TRABAJO

Nuestra propuesta se basa en el cambio de perspectiva que supone pasar del concepto “enfermo/a mental” a “persona” con enfermedad mental, visión que nos permite no perder de vista a la persona, situando la enfermedad mental como una situación que acontece al individuo en algún momento de su vida. Asumir este cambio de perspectiva implica una nueva concepción de la intervención que se lleva a cabo en la actualidad con las personas con trastorno mental. Desarrollaremos una nueva manera de hacer que contemple como fundamento de nuestra labor profesional las siguientes claves:

Centrado en la persona: se trata de caminar, de poner los medios necesarios para alcanzar el mayor grado de autonomía posible, poniendo el acento en la calidad del desarrollo. Este proceso no tiene carácter lineal, ni se concibe como la necesidad de superar determinados niveles o fases. Será la persona con enfermedad mental, quien irá marcando el ritmo del proceso.

Procesos de desarrollo: un acompañamiento e intervención a nivel profesional que convierta las carencias en potencialidades, un acompañamiento a la persona y su familia en la superación de la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran. Un proceso que incluye crecimiento y desarrollo personal, entendiendo este como un proceso gradual y sostenido en el tiempo, en el que la persona avanza en la superación de sus síntomas y limitaciones hasta alcanzar su máximo nivel de autonomía personal y de participación social posible, accediendo a todos aquellos servicios y prestaciones que le sirvan de apoyo en cada momento del proceso.

Participación: Las personas con enfermedad mental, sienten, piensan… Lo hacen según sus patrones de comportamiento y, por tanto, tienen cosas que decir en relación con sus afectos, intereses y desencuentros.

Desean ser felices. Todos nosotros, familiares, asociaciones, profesionales y sociedad en general tenemos por delante un enorme reto, más allá de nuestras intervenciones e intereses, tenemos que saber dejar paso a la personas con enfermedad mental, tenemos que lograr que ellas sean el centro, no sus problemas, ni nuestros objetivos, sino la persona, respetando su proceso personal y sus elecciones, fomentando y animando su participación, iniciando así caminos nuevos desde los que nos acompañemos mutuamente.

Profesionales especializados y con “alma”: el acompañamiento y presencia de los profesionales es uno de los pilares que conforman la intervención. Como profesionales, tenemos un enorme reto, más allá de la especialización en el ámbito de la salud mental y de la mejora de nuestras intervenciones, el de ser profesionales con alma, sensibles y atentos a la persona, a ver al otro más allá de su situación concreta de enfermedad para descubrir al ser humano que sufre detrás y que es igual que yo, y que podría ser yo. Tenemos que lograr que ellos sean el centro, no sus síntomas o dificultades derivadas del trastorno que padecen, ni nuestros objetivos, sino la persona, respetando su proceso personal y sus elecciones, iniciando caminos nuevos desde los que nos acompañemos y crezcamos mutuamente.

Al servicio de las necesidades… que motivó, entre otras causas este proyecto llevándonos al compromiso de acompañar a la persona con enfermedad mental en primer término en lugar de a sus síntomas. Por ello nuestro modelo de trabajo no consiste en eliminar o disminuir exclusivamente la clínica que la persona presenta, ni siquiera en estabilizar o “curar” las patologías.

Trabajamos para que las personas con un trastorno mental “luchen” por su felicidad indistintamente de si sus síntomas disminuyen o no.

OBJETIVO GENERAL Y ESPECÍFICOS

Enmarcado por el objetivo central del Proyecto Aire (Promover acciones que generen un modelo de atención en Salud Mental centrado en la persona y no sólo en la patología.) se contextualizan los siguientes objetivos:

Objetivo General: Ofrecer un modelo de trabajo centrado en la persona y su proceso de crecimiento indistintamente de la clínica.

Para conseguir este objetivo se han definido los siguientes objetivos específicos:

1. Ofrecer formación especializada a los distintos profesionales implicados en la atención y el acompañamiento de personas con enfermedad mental.

2. Generar equipos de profesionales especializados y con el perfil (“alma”) que nuestro modelo de intervención requiere.

Asociación de Integración y Recuperación del Equilibrio Mental